Tejiendo con fuego

Couvreur, B., Cayla, V. (productores) y Sciamma, C. (directora). (2019). Retrato de una mujer en llamas [Cinta cinematográfica]. Francia: Arte France Cinéma, Hold Up Films, Lilies Films.


Alejandro Rodríguez George


Una pequeña llamarada rojiza trepa por el vestido azul de una solitaria mujer frente a la inmensidad del cielo nocturno y la planicie del paisaje. Los nubarrones blanquecinos que se expanden por la parte superior del cuadro enmarcan una pequeña luna que sirve como foco de luz ante la oscuridad que genera la confusión entre cielo y suelo. Este choque visual del panorama produce un efecto de nostalgia y melancolía frente a la incertidumbre del cruce indefinido del horizonte y la mínima luz de la luna y las llamas; un breve instante que parece recordar la inmensidad de un futuro incierto.


Al mismo tiempo, la paradoja de la mujer ahí retratada parece hablar de un pasado que nunca dejó de ser un incandescente recuerdo. O al menos, así nos lo hace saber la mirada de la mujer que hizo dicha imagen, Marianne, intrépida pintora, que al ver el cuadro antes descrito revive la memoria que dichas pinceladas esconden. La película es la historia detrás de un cuadro; la pintura es la memoria de un amor; las miradas, susurros de un pasado que siempre pervive.


Retrato de una mujer en llamas de la directora francesa Céline Sciamma es el relato de dos mujeres que se ven obligadas a compartir un breve periodo de tiempo que es mediado por la necesidad premarital, entre Heloise y su futuro esposo, “un caballero de Milán” (al cual no conoce), de enviar un retrato de ella. Si él gusta de su imagen, la boda se llevará a cabo. Sin embargo, Heloise ya ha rechazado a un par de pintores encomendados a dicha labor; ella reconoce la imposición que representa el cuadro y por eso rechaza abiertamente el matrimonio arreglado. Además, la joven está marcada por el suicidio de su hermana como último recurso en oposición a su propio compromiso impuesto.


Ante dicho panorama, la madre de Heloise, la más interesada en que se lleve a cabo la boda por cuestiones de ascenso social, contrata a Marianne, para hacerla pasar por dama de compañía y que la pinte sin que ella se dé cuenta. Esta es la tensión central de la película; por una parte, Heloise es plenamente consciente de que su retrato simboliza el arrebato de su imagen con un fin marcadamente patriarcal. La pintura sirve como mediación entre su representación y la contemplación pasiva de él. Por otra parte, la directora le da una vuelta de tuerca radical a dicha estructura y plantea una relación sensitiva de la intimidad entre Marianne y Heloise que será profundamente mediada por el arte y sus espacios de experiencias estéticas.


La propia Céline Sciamma ha dicho que “la película quería mostrar el erotismo del consentimiento”, el cual está construido a partir de los gestos, las miradas y la “coreografía de los rostros más que de los cuerpos.”¹


Las palabras de la directora juegan con la propia narrativa de la película. Heloise reclama todo el tiempo el derecho sobre su imagen; de hecho destruye la primera pintura de Marianne. Ella sabe perfectamente que su retrato encarna una sumisión extrema de su ser. La pintura representa un futuro predeterminado sin su consentimiento, una imagen que le arrebata el derecho a la decisión, que condensa la tragedia de su hermana y, por si fuera poco, su propia ofrenda ante un hombre que no conoce y que exige su previsualización en el óleo.


Sin embargo, la película está confeccionada de tal forma que el motivo central de ella, el retrato de Heloise, se convierte en un vehículo para adentrarnos en la sensibilidad y confidencialidad que ambas mujeres van tejiendo, mediante miradas furtivas, que pretenden captar una imagen. Es decir, como observadores de su relación, nos vemos implicados en el “robo de imágenes” que Marianne, realiza de Heloise; vemos cómo dibuja a prisa su perfil, el sencillo gesto de sus manos, su mirada melancólica, su tenue risa y sus ojos al dormir, expresiones sencillas que delatan profundos sentimientos. Cada uno de los detalles que componen su persona y cómo cada uno de esos detalles se convierte en un collage que poco a poco va siendo armado por los distintos bocetos que resguardan la historia de su amor.


La puesta en escena de Retrato de una mujer en llamas nos muestra la complejidad e intimidad que se necesita para capturar y representar los rasgos y gestos más característicos de alguien a quien se ama. Al mismo tiempo, la cinta logra darle otro sentido a la contradicción que rige la tensión de la premisa: ¿cómo retratar a alguien a quien se ama, sabiendo que esta pintura es la presentación ante un matrimonio preestablecido? En el contexto de finales del siglo XVIII dicha situación se vuelve casi inevitable; sin embargo, la película cuestiona tal estructura mediante trazos, bocetos, pinceladas y colores.


Así, el arte se convierte en una esfera afectiva, transgresora y profundamente sincera donde ambas mujeres pueden expresar su verdadero sentir, su complicidad sensorial, su rebelión política al negar el matrimonio y escoger un amor real, subversivo, y radicalmente estético. La relación de Marianne y Heloise explicita una de las tensiones más profundas de la historia del arte, la posibilidad de vivir en plena armonía con nuestro entorno, sumergidos en un mar de sensaciones, conscientes de aquellos puentes que extendemos entre las personas vitales de nuestra vida y de construir relaciones horizontales basadas en la percepción sensorial compartida.


Esta visión estética de la vida es construida por Céline Sciamma en una de las escenas más memorables de la cinta, aquella donde las tres protagonistas asisten a un pequeño ritual en el bosque donde sólo hay mujeres, (la presencia masculina en general a lo largo de la película es mínima). El cántico tradicional que entona la comunidad de mujeres ahí reunida, va creciendo en intensidad y se envuelve con las llamas de la fogata para crear una atmósfera de misterio y pasión. Las miradas de Heloise y Marianne no cesan de danzar entre sí. El fuego se vuelve vínculo de su amor, pues finalmente el vestido azul de Heloise se prende con una pequeña llamarada, demostrando que esta es la memoria que subyace en el cuadro que le da título a la película. Una escena que condensa el poder simbólico del cine y su necesidad de trastocar la realidad mediante la ficción.


En palabras de la directora: “cuando se pregunta a los artistas si el cine puede cambiar el mundo, hay una falsa modestia que me sorprende. Dicen que no. Pues yo creo que sí, al menos hay que tener ese objetivo”. Cambiar el mundo mediante el arte. Construir visualmente una crítica a los discursos que han invisibilizado a las mujeres en la historia y en la historia del arte para “salir de lo convencional cinematográficamente, y no hablar de un amor imposible, de la cuestión de la posesión, sino hablar más del vínculo, y del amor como una emancipación, un amor que se escribe en el tiempo.” Retrato de una mujer en llamas es un maravilloso memorial de las historias entretejidas que guarda una pintura y el amor emancipado que la construyó.


Alguna vez escuché decir que aquellas personas que se dedican a la investigación de la historia tienen la posibilidad de observar un tapiz persa boca abajo. La maravilla de los colores y tejidos entrelazados de la imagen total del tapiz es el resultado de su anverso; la gran figura ornamental se desprende de todos esos cruces diminutos, los hilos múltiples de la historia que condensan la paciencia del hacer, de las manos entrelazando los caminos visibles del enorme tapiz y el trasfondo que resguarda.


Esta cinta es un enorme tejido y un hermoso tapiz que permite visualizar los hilos que confeccionan aquellas historias que han sido dejadas de lado y que ahora se muestran contemporáneas, llenas de un subtexto político actual (no hay que olvidar que la historia paralela de la película es una historia sobre el aborto), y con una fuerza afectiva tremenda. Retrato de una mujer en llamas nos permite un acercamiento más profundo al significado de estar enamorado y su puesta en escena es una experiencia estética que incendia todo nuestro alrededor.

Fotograma Retrato de una mujer en llamas, Dir. Céline Sciamma. 2019