El planeta a contrarreloj

Fernanda Costa



Nuestro planeta es viejo. La Tierra ha inspirado los más hermosos poemas, las piezas de música más provocadoras y las más bellas pinturas. Ha contemplado las eras transitar a través del tiempo con paciencia, desde antes de la extinción de los dinosaurios, pasando por la civilización del planeta, hasta llegar a hoy en día. Ha presenciado el nacimiento y la muerte de grandes artistas, poetas, músicos, emperadores, y personas como tú y yo.


Además de ser un hogar para nosotros los humanos, la Tierra también alberga a más de 8.7 millones de especies. Les da un hogar en el mar, en el desierto, en los bosques, en las sabanas.

Nuestro planeta es muy inteligente. Nos protege de las radiaciones dañinas que emite el sol mediante una capa invisible para el ojo humano, conocida como la capa de ozono. Es capaz de autorregularse y auto regenerarse, tal como nosotros lo hacemos con las células de nuestro cuerpo. Lo ha hecho por millones de años, por lo que nos puede parecer algo inmortal.


No es así. Si la Tierra fuera un reloj, estamos agotando su tiempo. Y como se dice por ahí, el tiempo con todo puede. Estamos agotando nuestro tiempo aquí.


Él planeta se muere. Y no es por su edad. Y no es su culpa. Ya que, aunque hizo todo lo posible por evitarlo, nuestro planeta se ha enfermado. Nosotros lo hemos enfermado. Nos estamos dejando sin tiempo. Y mientras más matamos al planeta, más rápido corre el tiempo. Tic, Toc...


Los humanos, como todos los seres vivos en la Tierra, nacimos y evolucionamos aquí. Ha sido nuestra casa, nuestra protección, desde hace más de 200,000 años. Vivimos en armonía y balance con la naturaleza la mayor parte de ese tiempo. Las antiguas culturas adjudicaban los fenómenos naturales a los dioses, ya que no podían explicar su grandeza. Se escribieron odas a la Tierra y sus maravillas. Mirábamos a la tierra con respeto y asombro. Pero en algún punto en la historia la dejamos de ver como la obra maestra que es. Nos olvidamos de que no somos los únicos seres vivos de nuestro planeta sino que coexistimos junto a millones de otros seres vivos. Empezó el problema hace alrededor de 180 años gracias a la Revolución Industrial, donde la producción de gases de efecto invernadero alcanza estadísticas nunca vistas. Jugamos a ser dioses, jugamos con cosas de las que no sabíamos lo suficiente, sin tener en cuenta cómo afectaría a nuestra casa. Jugamos con fuego y terminamos siendo el fuego.

Como dije antes, la Tierra es muy inteligente, ya que nos protege de no congelarnos con el efecto invernadero, dándonos el calor que necesitamos para sobrevivir. Al alterar nosotros ese proceso natural de la Tierra y crear más calor del necesario (gases de efecto invernadero: dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), compuestos halogenados, ozono troposférico, óxido de nitrógeno.) la temperatura global sube, y se desbalancea el equilibrio natural. Esto causa sequías e incendios forestales, cada vez más continuos.


Repito que la Tierra es nuestro hogar. Y al pensar así trajimos al mundo a más seres humanos que la Tierra podría llegar a manejar, y todo de manera abrupta. Los niveles de sobrepoblación vienen de la mano con la alta demanda de viviendas, trabajos, comida, productos, entre otros. Lo que nos ha llevado a desgarrar a nuestro mismo hogar para abastecer a la mayoría. Y con esto, se han extinguido a más especies de las que podemos contar, porque nos olvidamos de que también es su Tierra.


Cuesta tanto pensar que alguna vez no viajábamos para apreciar la naturaleza, porque éramos parte de ella. Estamos intentando dominar y controlar el mundo como si de nuestra propiedad se tratara, pero nos olvidamos de un detalle crucial. El mundo es en realidad autosuficiente e inteligente, nosotros nacimos en él, somos sus habitantes, sus invitados. Lo podemos ver más claramente, con la presente pandemia, que nos demostró que un solo virus de menos de micras de tamaño, es capaz de acabar con nuestra especie, capaz de dejar sin poder a nuestra tecnología, y capaz de dejar a los más inteligentes seres humanos sin respuestas. Nos dejó vulnerables ante una situación para la que no estábamos preparados, y pudimos contemplar con la mayor claridad la fragilidad de nuestra tan aclamada superior especie. Nos estamos olvidando de que no somos más que este planeta, de que estemos aquí o no, el planeta Tierra va a seguir su curso hasta el final del tiempo. No somos esenciales para él, somos su más grande plaga. La Tierra lleva aquí billones de años… no somos más que un parpadear para ella. Y ahora depende de nosotros saber qué tan larga va a ser nuestra estadía en el.


Debemos dejar de negarlo y abrir nuestros ojos a los problemas que existen hoy en día. Hay soluciones y están por todas partes. Todos los días se concientizan más personas que te están buscando, que quieren que te les unas. Existen movimientos liderados por jóvenes que buscan un futuro. Un futuro para ellos, para las generaciones que vienen y sobre todo para nuestra casa que tanto hemos descuidado, que tanto nos pide a gritos que nos curemos con ella. Pregúntate, ¿de verdad quiero destruir esta casa que ha dado tanto por mí; qué me ha protegido y cuidado, de la que me maravillo diario,de la que en realidad soy más dependiente yo de ella que ella de mí? Debemos despertar ahora. Nuestro dinero, nuestras casas y nuestro poder no nos sirve de nada, estamos contra el poder de la Tierra. Estamos retando a las leyes cósmicas y a un equilibrio universal...debemos parar ya, estamos siendo agentes de muerte. Las mareas del tiempo se nos vienen encima, así que ¿qué vas a hacer tú? ¿qué voy a hacer yo? ¿vamos a hacer esto juntos? ¿o queremos irnos ya de aquí?


Actúa. Cambia. Que pronto será demasiado tarde… tic, toc. Esta es nuestra decisión. Y nosotros nos hemos puesto a contrarreloj.



Fotografía: Ivan Bandura en Unsplash