Editorial
- 2 jun
- 3 min de lectura

El dolor del mundo es un terreno pantanoso, difícil de acomodar en el espacio interno. Puede ser fácil entregarnos a la dureza o, en un aparente polo opuesto, volvernos indiferentes al horror. En un pensamiento de dicotomías, las formas de habitar la realidad parecieran reducirse a dos opciones contradictorias. O vivir empapadas por la miseria, o en una felicidad ingenua que ignora lo que ocurre a nuestro alrededor.
Hoy el mundo nos pone a prueba, en este momento especialmente oscuro. Cuando lanzamos la convocatoria para el número 17 de Pluvia, no podíamos vislumbrar los alcances que tendría el ascenso de las nuevas formas de fascismo y la guerra. Puede ser paralizante mirar a unos cuantos hombres tomar decisiones que impactan de forma tan absoluta la vida en este planeta.
En momentos así, siempre viene bien recordar las palabras de quienes ya han transitado ese camino antes. Como el poema "No dudes" de Mary Oliver:
Si de repente, inesperadamente, sentís alegría,
no dudes. Entrégate a ella. Hay un montón
de vidas y ciudades enteras destruidas o a punto
de serlo. No somos sabios, y rara vez
amables. Y hay tanto que no tiene redención.
Y aún así, a la vida todavía le queda alguna
posibilidad. Tal vez sea su forma de resistir,
que a veces pase algo mejor que toda la riqueza
y el poder del mundo. Podría ser cualquier cosa,
pero es muy probable que lo adviertas al instante
en que empieza el amor. De todos modos, suele
ser así. De todos modos, sea lo que sea, no temas
su abundancia. La alegría no se hizo para ser una migaja.
O estas palabras de Terry Tempest Williams en Cuando las mujeres fueron pájaros: "Quiero sentir tanto la belleza como el dolor de la era en la que vivimos. Quiero sobrevivir sin entumecerme. Quiero hablar y comprender las palabras de las heridas, sin que estas palabras se conviertan en el paisaje en el que habito. Quiero tener un toque suave que pueda llevar la oscuridad al mundo de las estrellas."
Este número está dedicado a navegar experiencias que reconcilian la belleza y la dureza de la realidad en el mundo interior. Exploramos con Daphne Smith cómo se entremezclan la herencia y el cuerpo en los paisajes cotidianos. Imaginamos con Astrid Amparano el dolor de una madre en territorio de guerra; exploramos con María de Lourdes Zavala el significado de ser cuerpo y mente en todos sus intersticios. Acompañamos a Ana Martínez en la experiencia de migrar y enraizar en otros territorios y otros idiomas. Mariel Argote nos lleva a reflexionar sobre la batalla interna contra nuestra propia voz y la dificultad de vivir desde la presencia. Paula Cortés nos comparte la experiencia compleja de ser madrastra y los cuidados implicados. El bordado de Samantha Mayer nos propone intimar como forma de habitar la realidad. Con Alma Jessica Triste atravesamos la ausencia de una mujer amada que ha desaparecido.
Los poemas ilustrados de June Audirac recorren un abanico de emociones humanas: de la arrogancia a la humildad. Tochan Pocayautlan comparte su búsqueda a través de la escritura por eludir la pantalla y sus algoritmos para reconectar con las raíces de la vida. Sofía Abreu comparte una ilustración inspirada por la idea de Gloria Anzaldúa de un movimiento en dos direcciones: ir hacia lo profundo del ser al mismo tiempo que nos expandimos hacia el afuera del mundo. Daniele Nemmi hace un homenaje a Yulia Zdanovska, informática y matemática ucraniana de 21 años asesinada en la guerra. La cámara de María Belén Amitrano registra los juegos de niños en medio del dolor durante las inundaciones en "La Matanza", ciudad de Buenos Aires.
David González comparte una serie de poemas que evocan el misterio, la naturaleza y lo ancestral. Erika Jiménez y Julio Rojas presentan una instalación sonora y textil que invitan a relacionarnos con las aves endémicas del bosque del sur de la Ciudad de México. Sinaí Aguirre evoca la experiencia de observar la naturaleza en una ciudad. Pamela Vera, relata un encuentro con la montaña y el regreso a casa, en donde encuentra en la amistad un espacio para florecer incluso "en tierra herida".
Las colaboraciones de este número nos llevan del cuerpo al entorno. Hacen espacio en el alma al dolor sin dejarse absorber por el sufrimiento. Nos recuerdan la relación con el origen, con lo natural, con lo simple. Ofrecen una mediación con el mundo a través de la belleza y la creatividad. Agradecemos a todas las autoras y los autores por compartir generosamente sus colaboraciones. Esperamos que disfruten de su lectura y que encuentren en ella tanta inspiración como nosotras.




Comentarios