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Carcasa

  • 30 may
  • 1 min de lectura

María de Lourdes Zavala



Cuerpo que alberga,

contiene,

desborda.


Libera y aprisiona.


Calla,

habla,

enmudece,

miente

y escupe verdades.


Objeto. Deseo. Vanidad.


Cuerpo soy,

y sólo cuerpo

cuando olvido ideas

y adopto reflejos.


Cuerpo dejo de ser

cuando mi mente

se olvida de él

y solo importa

el viaje platónico

del recuerdo.


Cuerpo como mapa de vida,

cauces cruzan la frente,

caminos trazados

en las piernas.


Caminos que duelen,

convertidos en una

intersección compleja,

colorida,

confusa.


Los pasos no desaparecen,

se disuelven,

se cruzan,

pero no regresan.


Cuerpo como todos,

mente propia, mía, me pertenece.


El cuerpo se ve.

La mente se sueña:

a veces nube,

a veces sombra.


Mi cuerpo incomoda.

No es sombra ni reflejo.

No encaja,

pero, pertenece.


Mi mente es libre,

propia.

Se aleja,

migra con las aves,

emprende el vuelo,

recorre tierras lejanas

se diluye.


Mi boca calla.

Mi mente grita.

Mi cuerpo sonríe,

disfraza.

Muestra y oculta.


Con el cuerpo miento:

carcasa que me impide ser.

El rostro se adapta,

descansa en un regazo ajeno.

En mis ojos,

cristales rotos.


Y mi mente escupe,

en silencio:

“Soy”.




 
 
 

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