Del letargo, a las ganas de vivir, a la culpa

Daniela Jiménez


¿Qué son estas ganas de vivir? Es la pregunta que estas semanas me invade la mente mientras realizo un estiramiento más de mi rutina de yoga a las siete de la mañana. Un nuevo hábito producto de permitir que el sol me despierte. Un hábito que por meses sólo existió en mi imaginación y mis sueños, mientras dejaba que el despertador sonara hasta la hora exacta en que tenía que conectarme remotamente al trabajo.


Solía leer notas de cómo el teletrabajo al fin permitiría que te concentraras en ti, pero sin identificarme en absoluto con las nuevas oportunidades de la nueva normalidad. Claro que esas notas eran del principio, cuando todavía existían en una misma oración las palabras pandemia, esperanza y motivación; antes de que se introdujera la palabra “letargo” como la palabra del 2021. Y en ese antes, cuando toda la normalidad se vino abajo, yo también. El tiempo dejó de existir, el espacio se redujo y la rutina laboral fue lo único permanente del pasado sin restricciones.


Un año después, permití que el sol entrara por la ventana y le diera inicio a mis días, dejé que la voz de un desconocido del internet guiara mis estiramientos matutinos y le diera paz a mi mente y cuerpo. Las ganas de vivir se introdujeron, dejando que el letargo y la depresión se arrinconaran en el mundo de mis recuerdos.


Pero mientras encuentro paz en cada namaste, no puedo evitar pensar en los demás y la culpa se empieza a asomar. Para mí, el sol salió en abril, pero para cuántos más, el sol se empezó a ocultar al mismo tiempo. Para quiénes, el sol sigue sin salir, el espacio sigue confinado y la rutina laboral ya no existe como refugio del pasado. La culpa es amiga de la duda y me pregunto: ¿y estas ganas de vivir cuánto tiempo más te durarán mientras el letargo invade a tu alrededor? No lo sé. Sin embargo, ahora, al momento que me pregunto: ¿Qué son estas perras ganas de vivir?, sé que la respuesta es: las suficientes para ser feliz hoy.