Otate, la casa de los hilos

Nora Villamil Buenrostro



Botones y presillas, discretas y manuales, siempre me sabrán a barro y a basalto. Al barro del pasillo de Otate entintando la luz. Al basalto de dos escalones entibiando los muslos en la labor. El tequila a mimbre y ‘bisbirules’ con un dejo de tabaco. El papel mantequilla de mis recuerdos será siempre naranja y azul apolillado, calcando aquel muro embotellado de colores. Los vestidos serán de seda, por dentro. Pues la seda no se esconde, se hilvana al forro y a gozarla con la piel; que a los ojos bien los embustan imitaciones. El fervor de mi uña planchadora impregnará el hilván con vapor denso de tabaco y de café. Así, la ropa nueva —de fiesta— olerá siempre a Otate. ¡Adiós, mis alfileres! Largos y alemanes que quedaron por siempre enamorados. en los entredichos de la duela. Espero que de esos canales no los separe jamás una enjundiosa aspiradora.

Fotografía de la autora.