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Notas sobre mi madre o una reflexión sobre historia de la ciencia

Diana Galván Escobar



Laura me mira detenidamente, curiosa, y dice: Me pregunto qué pensarán de la ciencia ustedes en sus clases. Sonrío divertida y respondo: Pero mamá, justamente es el tema del que hablamos; estudio un posgrado en Filosofía de la Ciencia. Laura no deja de escudriñarme: Vale, pero tú no eres científica. Podría argumentar a mi favor, pero realmente no me molesta que mi madre piense que no pertenecemos al mismo gremio. Es más, me ayuda a hacerme preguntas. Por ejemplo: ¿A qué se refiere Laura, la científica, cuando habla de ciencia? Más interesante aún: ¿Cómo llegó a pensarlo así? 


Durante una noche en la que buscaba fuentes para mi tesis de licenciatura, encontré la carta de una mujer que le escribía a su madre a mediados de mil ochocientos. En ella, recordaba el viaje que ambas habían realizado a México, las plantas que habían dibujado juntas, los paisajes y los jardines que habían admirado. En su momento, el documento no servía para los propósitos de mi proyecto y, para mi futura desgracia, perdí la referencia. Ahora, con el tiempo, no dejo de pensar en aquel intercambio escrito, en la memoria que vivía dentro de aquellas mujeres que viajaron alguna vez y que se sentaron a dibujar la naturaleza de un lugar desconocido. Más que nada, intento imaginar cómo serían sus vidas en aquel entonces, cómo comprendían su relación con el mundo natural. Me pregunto si su forma de observar sería tan distinta a la nuestra.


Me doy cuenta de que reflexionar sobre la ciencia es también escribir sobre mi madre. Inevitablemente pienso en ella, en la imagen que me he creado de ella. Es mi manera de intentar entenderla, preguntarme cómo llegó a ser lo que es. Porque si de algo estoy segura es de que Laura es científica. Desde que soy una niña mi madre me ha dejado eso muy claro. ¿Qué la hace una científica? El hacer ciencia, por supuesto. ¿Y qué es hacer ciencia? La socióloga Karin Knorr Cetina diría que la naturaleza y la verdad no se encuentran en un laboratorio, sino que se construyen. La ciencia es una actividad humana más, un producto cultural resultado de prácticas localmente situadas. En ese sentido, hacer ciencia es interpretar, construir y simbolizar la naturaleza. 


Mi madre amó la pintura gracias a las bibliotecas públicas de la Ciudad de México. Un día leyó sobre la vida de Leonardo Da Vinci y decidió que ella quería pintar como el maestro florentino. Con una disciplina apasionada, compró una cabeza de ternera y la llevó a casa con entusiasmo y la acomodó en el lavadero para comenzar sus bocetos. ¡Si tan sólo hubiera pensado en el hedor! Mi abuela no podía creer lo que veía: ¡Una cabeza de ternera maloliente y sangrienta en su lavadero! Pero Laura no podía inmutarse, estaba concentrada en otras cosas: la forma, el color, la textura. Momentos de observación que marcaron, seguramente, la manera en que veía el mundo. 


¿En quién pensamos cuando nos hablan de mujeres en la ciencia? Pensamos quizás en María Sklodowska Curie, ganadora de dos premios Nobel y pionera en el estudio de la radiactividad. Pienso en Helia Bravo Hollis y su amor empeñoso por las cactáceas. También en Maria Sibylla Merian, estudiosa de los insectos e ilustradora del siglo XVII. Pienso en mi madre, Laura Escobar. ¿Y dónde quedan las mujeres anónimas, aquellas que aparecen como informantes, ayudantes, notas al margen? ¿Aquellas cuyos descubrimientos nunca fueron publicados y socializados? ¿Dónde quedan aquellas que no sobrevivieron a la polilla del archivo y del olvido? ¿O aquellas que inconscientemente participaron en el estudio de la naturaleza? Pienso en las naturalistas que retrataron la naturaleza a través de sus pinturas y grabados, aquellas que firmaban sus obras con el nombre de sus padres, hermanos y esposos. Pienso en la historia de la mujer que trabajó limpiando uniformes en Oak Ridge, el complejo industrial que enriquecía uranio para la bomba atómica del Proyecto Manhattan, sin saber que se exponía a la contaminación radioactiva. 


Cuando pienso en las mujeres en la ciencia, más que respuestas tengo preguntas. ¿A qué nos referimos con la ciencia construida por mujeres? ¿Quiénes son estas mujeres, a qué sujetos nos referimos cuando hablamos de ellas? ¿De qué manera transforman nuestra forma de entender el quehacer científico? Escribir sobre las mujeres en la ciencia es aprender a observar: significa abrirse a nuevas posibilidades de pensar nuestra realidad. 

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