Conversación con la soledad

Mariana Abreu Olvera


¿El ejercicio de la soledad son colores?

Son cantos. Cantos alegres, los más tristes cantos. Cantos verdaderos.


-Silvana Estrada,“El ejercicio de la soledad”.

1.


La soledad es un arma de dos filos. Por un lado, puede ayudarte a poner distancia frente a las imposiciones culturales que te impiden encontrarte a ti misma. Por otro, puede también alejarte de las relaciones vitales que te acercan a esa afirmación propia. Carla Lonzi llamó autenticidad a este encuentro de una misma y esclareció que sólo las relaciones entre mujeres nos permiten hallar esta verdad. Por eso, la soledad puede ser un obstáculo en este camino. Sin embargo, aunque es una experiencia a veces dolorosa e involuntaria, la soledad puede encauzarse de manera que se vuelva una fuente de riqueza. Me refiero a la soledad física, que se manifiesta en las vivencias del día a día, en la ausencia de un compartir cotidiano que es vital. La soledad “pule el corazón”, como me dijo alguna vez una muy querida amiga. Para que esa experiencia adquiera sentido, debe estar sustentada por voces que la acompañen aunque no sean presencias físicas, porque la soledad sin mediación es sólo un oscuro vacío.


Escribo esto después de vivir cinco meses de encierro por una pandemia. En ese tiempo, he conocido una soledad que jamás había experimentado. Esta vivencia me ha llevado a habitar sentimientos aparentemente contradictorios en el amplio espectro de las emociones, pero que quizás en realidad no se contraponen. Es a veces incómoda, melancólica, silenciosa, aburrida, pero también trae tranquilidad, armonía, disfrute, autoconocimiento. La soledad te confronta contigo misma sin previo aviso. Te obliga a atender los nudos desatendidos. Una amiga de mi mamá dice que estamos viviendo la “pandemia de la soledad”. No creo que se refiera únicamente a lo que ha traído consigo el encierro de estos meses. La soledad atraviesa nuestras vidas en muchos momentos. Por eso, he decidido reconciliarme y conversar con ella.


2.


Vivir sola te aleja del conflicto. Tu tiempo es tuyo. Lo que haces en tu espacio es para ti. Eso trae consigo una forma de conocimiento de ti misma. Puedes guiarte por tu deseo, por tu sentir genuino. Este contacto con una misma permite tomar distancia frente a imposiciones externas que en otros contextos parecían más bien intrínsecas a tu ser.


Aunque el estar con una misma es muy valioso, el encierro puede llevar esta experiencia a un extremo no deseado. En momentos, se convierte en una soledad que te deja sin ecos, sin espejos en los cuales encontrarte a ti misma en otras. Aunque la comunicación virtual tiene algunos atisbos de esto, deja fuera la riqueza de la convivencia, de la conversación natural y espontánea que son fuente de vitalidad y de libertad.


La soledad desnuda las emociones, con el riesgo de no encontrar una nueva forma de cobijarlas. La soledad puede traer paz y sinceridad, pero también miedo y vacío. Es una vivencia que nos obliga a identificar qué tan cómodas nos sentimos con nosotras mismas. Y en esto consiste su riqueza. Nos permite despojarnos momentáneamente de todo, para elegir qué conservamos y qué desechamos. Creo que la soledad es tolerable sólo si la pensamos como un transitar intermitente y no como el estado permanente de la vida.


3.


Hay emociones que sólo encuentran salida si hay otra persona que las reciba y les dé reciprocidad. Es el caso, por ejemplo, del amor en su sentido más amplio. A veces me siento como en estos versos de Alfonsina Storni:


de amor me estoy muriendo,

pero no puedo amar.


En estos meses he sentido que la intensidad de mi sentir se ve limitada porque no hay muchas vías para expresarla. No hay tampoco con quien manifestar la emoción por la vida en acciones cotidianas. En estos tiempos, las expresiones de amor se reducen a palabras que pasan por el filtro de la virtualidad. Pero los sentimientos permanecen ahí, en el interior, buscando una salida más natural y constante, una presencia que los abrace.


4.


Este poema de Alejandra Pizarnik me presta las palabras para nombrar lo que siento en este momento:


ya comprendo la verdad

estalla en mis deseos

y en mis desdichas

en mis desencuentros

en mis desequilibrios

en mis delirios

ya comprendo la verdad

ahora

a buscar la vida

Sólo que, por el momento, la vida está suspendida. La soledad intermitente es la realidad. No me queda más que recibirla, con la esperanza de que, más pronto que tarde, las voces que me acompañan se conviertan también en presencias que me abracen.


Fotografía de la autora, 2020.