Clío y el oleaje

Ana Carolina Luna Chaires



Nada podían hacer los médicos por su desconocimiento

de la enfermedad que trataban por primera vez; al

contrario ellos mismos eran los primeros afectados por

cuanto eran los que más se acercaban a los enfermos.  

Tucídides, "La guerra del Peloponeso" 


La segunda ola de la pandemia que nos asola desde hace más de medio año ha llegado a territorio europeo. El miércoles 28 de octubre el presidente francés Emmanuel Macron anunció el regreso del confinamiento. Hoy lo escrito por el historiador de la Grecia clásica podría ser leído en cualquier medio electrónico y parecería que habla de nuestro presente. Me resultó curioso haber recurrido a uno de los padres fundadores de la disciplina, el segundo autor que leí en los comienzos de mis estudios superiores, para poder reflexionar sobre cómo otras mujeres y hombres han vivido las epidemias y periodos de aislamiento. Si bien no busco encontrar una explicación que dote de sentido a la incertidumbre que permea en la mayoría de nosotros, pienso que la historia puede ser el árbol al cual abrazarnos ante los tiempos convulsos que nos acontecen. 


Es apabullante la cantidad de información que hay en la red, tanto, que el excedente podría silenciar a quien busca conocimiento sobre el tema. Varias son las predicciones que hacen los “opinólogos”; a veces pareciera que se concentran en la catástrofe económica después de la pandemia y no en la emergencia actual. Los noticieros nos bombardean constantemente y las conferencias de los principales actores de esta narración, agotan. Solía ver a diario las conferencias de salud durante los primeros tres meses, hasta que comencé a tener pesadillas; comúnmente eran escenarios donde salir sin cubrebocas me causaba pánico. Sin embargo, necesitaba pensar lo que pasaba. Si bien sé que el presente no es una calca del pasado, las experiencias de otras y otros podrían dar un poco de luz y esperanza. Del mismo modo, la literatura me invitó a generar reflexiones vivenciales en escenarios catastróficos. Fue así que emprendí un viaje a través de la literatura y la historia con el fin de encontrar en ellas fortaleza y sosiego para los meses que aún nos aguardan. Imaginé mi travesía como un viaje en el mar, uno lleno de dudas, a veces con tormentas y otras con el agua tan quieta que el barco está estancado.


Decidí comenzar por el clásico literario que había abandonado años atrás, La Peste de Camus, lo devoré en una semana. Al leer sobre el confinamiento de la ciudad del libro, Oran, y el temor de sus habitantes, parecía que leía sobre mi propio miedo.  Poco después me enteré de un ciclo de conferencias sobre el cine y la pandemia. La ficción fue el vehículo que me llevó a cuestionarme cómo construía un horizonte de expectativa post pandémico; este se basaba en la narrativa hollywoodense donde, al encontrar la vacuna, volveríamos a la “antigua” normalidad. A través de las películas se presentaron dos resultados, un escenario esperanzador y otro de fatalidad. ¿Hacia dónde vamos?, películas como El Año de la peste de Felipe Cazals, Outbreak de Wolfgang Petersen y Contagio de Steven Soderbergh nos plantean una completa normalización de la militarización. Hasta el momento este es el único pronóstico que considero certero. 


Posteriormente, creí que era necesario recurrir al ejemplo más cercano en el tiempo, la gripe española. Sin ánimos de hacer generalizaciones, porque cada pandemia igual que los hechos históricos se desarrolla en una circunstancia diferente, escogí El jinete pálido de Laura Spinney porque no conocía nada del tema.  El libro partía de una breve historia de la gripe desde la antigüedad hasta el año 1921, también me brindó conocimientos básicos de virología, dominio que me gustaría profundizar. Lo llamativo de esta obra fue el ejercicio que realiza la autora en el último capítulo, en el cual se pregunta ¿qué pasaría si hubiera una pandemia de nuevo? Cabe señalar que el libro fue publicado en el 2018. Lo que explica Spinney que sucedería, de hecho, fueron los protocolos que hemos seguido, el confinamiento, el uso del cubrebocas, además de la reiterada llamada de atención a convencer a la población de permanecer aislada en lugar de desplegar un aparato militar que reprima las libertades individuales. 


Es cierto que se puede caer en anacronismos si se intentan generar explicaciones de hechos actuales a partir de eventos que se desarrollaron en otras épocas; de hacerlo veríamos el ritmo de la historia de manera holística, lo cual hasta donde sabemos no es cierto. Pero, ¿no es la historia un diálogo entre el pasado, presente y futuro? ¿Acaso el espacio de experiencia y el horizonte de expectativas no están vinculados al tiempo presente? Quizás el error radique en querer ver las voces del pasado como proféticas. Lo mejor es compartir la misma barca y escucharlas hablar, empatizar con sus miedos para externar los nuestros y reconocer su valentía al momento de reconstruir sus sociedades. Al final la trompeta de Clío volverá a sonar con notas de esperanza. 

Fotografía: Mariana Costa Villegas